¿Qué ha pasado con nuestro sistema educativo? ¿Por qué obtuvimos los últimos lugares en la evaluación realizada por la UNESCO?
Abundan los profesores que se pasan las horas de clase o escribiendo en el pizarrón o dictando en voz alta, obligando a los estudiantes a copiar todo en sus cuadernos, metodología anticuada que constituye una pérdida absoluta de tiempo. Si de verdad esos apuntes fueran tan maravillosos, que nunca lo son, el maestro debería distribuir copias.
Por desgracia, esa costumbre no es cosa de unos cuantos excéntricos, sino una norma generalizada, una sagrada tradición magisterial que se ha transmitido tal cual de una generación a otra.
EXIGIR MEMORIZAR SIN RAZONAR
Otra falla es la aplicación ciega de la memorización, tanto por profesores que la exigen como por estudiantes que la practican. Si el maestro pide que el alumno recite intacta la información proporcionada, éste último procurará cumplir al pie de la letra con tal exigencia, metodología que ha convertido a niños pensantes en pericos parlantes.
Al visitar diversas escuelas oficiales antes del comienzo de clases, observamos como nuestros niños repiten de memoria la lección cotidiana a sus compañeros, quienes al escuchar, procuran corregir la menor desviación de las sagradas palabras originales, que deben repetirse exactamente como fueron dictadas.
factores que determinan la mala educacion
- Otra falla común es la calificación distorsionada del rendimiento escolar, la que, debido a que los alumnos recurren a la copia exagerada durante los exámenes, recompensa a los mañosos a la vez que resta valor al esfuerzo de los aplicados. Tales calificaciones injustas y falsas, premian a quienes no lo merecen, enseñándoles a todos que más vale maña que macheteo.
- Un principio psicológico básico afirma que toda conducta reforzada tiende a repetirse. Aplicado al ámbito académico, esta regla significa que al premiar la pereza y la maña, estamos reforzando conductas y actitudes negativas.
Al reforzarse dichas conductas negativas, se vuelven más frecuentes y comunes. Cuando los aplicados ven que los perezosos y mañosos pasan año sin estudiar, pierden su motivación e imitan las conductas negativas. Así como algunas manzanas podridas echan a perder todas las demás, unos cuantos ineptos contaminan a todo el salón.
Fácil de decir, difícil de realizar, pero la solución consiste en sancionar (o al menos dejar de premiar) a todos aquellos malos estudiantes que pretenden aprobar sin realizar ningún esfuerzo. El maestro tendrá que endurecer su corazón y reconocer que cada vez que aprueba a alguien que no lo merece, está reforzando una conducta maladaptiva que en él, le perjudicará por el resto de su vida.
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Por lo regular, nuestras expectativas magisteriales suelen ser mediocres. Si esperamos poco de los alumnos, eso recibiremos de ellos. Como canta el abad, así responde el sacristán. Si queremos que el atleta salte más alto, habrá que subir la barra. Para que el estudiante sobresalga, habrá que exigir más de él.
Al elevar nuestras expectativas, sin duda conseguiremos mejores resultados. Quien pide más, más obtendrá.